Del e-mail y otros tormentos

El hombre es inventivo por naturaleza, prueba de ello son la rueda, los aviones de papel y las pistolas automáticas (bueno, algunas cosas son mejores que otras). Gracias a la inventiva hemos desarrollado medios de comunicación muy eficientes, como las señales de humo (que no servían de noche ni cuando llueve, pero nada es perfecto), el papel, que se daña un poco con el fuego; y últimamente tenemos medios electrónicos como la radio, televisión e internet, que es el primer medio bidireccional electrónico (algo como un hablaescribe, pero sin Ingsoc*).

Lo que si no ha cambiado para nada es la gran capacidad que tenemos de emplear mal los medios o de no emplearlos como no sea para divertirnos. Hoy en día podemos decir qué hacemos a cada minuto, desde que damos el primer bostezo aferramos el teclado QWERTY de nuestro Blackberry y tecleamos “Que sueño tengo, se me acalambra la mandíbula al bostezar #mequieroquedardormido“; luego tecleamos sobre actividades relativas a la higiene que mi educación setentosa me impide mencionar; luego chequeamos en Facebook los comentarios de los amigos sobre la foto del perro montado en una moto de un Harley boy tropical; twitteamos de nuevo sobre lo caliente que está el café y lo duras que le quedan las arepas a nuestra mamá (que no tiene twitter, porque si nos sigue nos da un #chancletazo).

En el camino al trabajo o lugar de estudios nos conectamos al MSN y le preguntamos a los compañeros: “tns sueño tmbn?”, “isisT el trabajo”, “no? ke ladi”, “LOL, el tipo del frnt se va peinando”; y otras cosas que siendo aparentemente irrelevantes forman parte de la comunicación. Lo que no entiendo, señores, es lo siguiente: si somos capaces de hacer una poceta que twittea cada uno de sus usos (por mi madre que no la voy a seguir JAMAS) o de hacerle un perfil de Facebook al perrito del cafetín (Sarni, creo que lo llaman); si podemos teclear a velocidades vertiginosas y descifrar verdaderas piedras de Rosetta en mensajes de texto, o leer 4 (se lee cuatro) conversaciones al mismo tiempo por Messenger, abrir un grupo de Facebook para que alguien se corte el pelo, bajar videos de Youtube, descargar programas e instalarlos; ¿cómo me explican que no me puedan enviar un correo electrónico a mi cuenta de Gmail adjuntando el trabajo que les encomendé hace 5 (se lee cinco) meses, con el pretexto de que “Gmail está fallando, no sé que le pasa”??? Ni que fuera google.cn

Amigos: yo me estoy haciendo más viejo, pero no más inocente. Entreguen sus trabajos y quedaremos en paz.

* leer 1984, de George Orwell. Libro escrito en los 50, que se desarrolla en los 80 y viene como anillo al dedo a los 10 (de 2010)

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