
La gripe vino, trayendo consigo el temor de nuevo. Esta vez no son las aves, son los cerdos. Y no es en Asia, sino aquí cerquita en México. El miedo se propagó más rápido que la nueva cepa, haciendo que muchos se cerraran ante México (y no personalmente, sino como nación).
Vino la TV y nos ofreció el mapa de la gripe, Google creó su herramienta para llevar la cuenta de los casos y los periódicos copiaron febrilmente las notas que encontraban en Internet, ante la falta de fuentes científicas locales (o ante la falta de interés que una respuesta mesurada, sin pánico incorporado, podía generar en una primera plana).
Recordamos a la peste negra, a la gripe española y a la influenza aviar. Los canales de películas tal vez se vieron tentados a repetir los ciclos de películas catastróficas (Outbreak y The Andromeda Strain no pasan de moda), tal vez algún grupo de rock ochentoso haya pensado en relanzar su nombre como Virus H1 ó algo similar.
En fin, el apocalipsis se ve muy interesante por la caja mágica (y por su prima, la caja surfista), pero no nos lo imaginamos de cerca. Seguro que encerrar a toda la ciudad de México parece razonable, ¿pero acaso habrá pensado alguien en el efecto psicológico de ese encierro? Se contó a la gente como casos, expedientes, fichas con estadísticas, pero no se pensó en lo que sentía la madre encerrada en su casa esperando a una plaga que iba a buscarla, o los dueños de ventas de comidas que cerraron sus puertas no por creer en la gripe, si no por la falta de comensales. Hasta tonto debe sentirse uno sentado en la sala de la casa esperando a la pelona en lugar de someterse a la lotería diaria en la calle.
En en enlace a continuación, un artículo de la revista Letras Libres, de Mexico, sobre la visión de un residente del D.F. acerca de la gripe, de las mascarillas y de los medios.
Escrito por oswaldoparra
Escrito por oswaldoparra
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